SÍNTOMAS INICIALES
Esta historia empieza conduciendo. Volviendo de un viaje a Sevilla, mientras conducía empecé a notar una mancha en la parte superior del ojo. Era fija, oscura, casi totalmente opaca y de un negro rojizo. Al no dolerme nada ni notar escozor ni ninguna otra molestia, lo achaqué al cansancio de los días anteriores.
Después supe, a base de ir aprendiendo información sobre la marcha, que hay componentes emocionales en este tipo de lesiones oculares y esta parecía ser una de ellas. Os explico y detallo, pero empezaré por el principio.
Me llamo Toni C., vivo en la provincia de Castellón y tengo 52 años. Soy funcionario municipal y estoy casado y sin hijos. Tuve el desprendimiento de retina en septiembre de 2018, ocho meses después de cumplir los 50. En enero de ese mismo año mi padre tuvo un ictus y empezó un calvario de hospitales, consultas, recuperaciones, recaídas y finalmente su muerte en septiembre. Durante ese tiempo mi madre coincidió con él, siendo hospitalizada mientras él estaba en urgencias. En fin, un par de años intensos en la familia, con muertes y enfermedades graves.
Así que tras fallecer en septiembre, mi hermana y yo decidimos llevar sus cenizas (las de mi padre, claro) a Sevilla, de donde era oriundo y sepultarlas en compañía de sus padres. A la vuelta y supongo que como una especie de descompresión emocional, tuve el desprendimiento. No soy consciente del momento exacto. No sé si me pasó durmiendo o ya conduciendo, la cuestión es que en un momento dado me di cuenta de la mancha, que se veía más o menos así:
El color es aproximado, no he encontrado uno más cercano al que yo veía. Tengo que remarcar que el día de la vuelta a casa fue un domingo. Achaqué la mancha al cansancio y la tensión vivida semanas y días atrás y di por hecho que a la mañana siguiente no estaría ahí.
Pero sí, a la mañana siguiente seguía igual. Mismo lugar y mismo tamaño. Empecé a preocuparme. No me parecía normal que eso estuviese ahí sin más. Desde casa mi primer movimiento fue recurrir a internet y buscar. Encontré información confusa y que no me aclaró demasiado. Las posibilidades eran malo o peor, es decir: desprendimiento de retina o glaucoma. Empecé a asustarme realmente. No pintaba bien. Temiendo que la seguridad social no me pudiese atender rápidamente (no me pareció un tema para ir a urgencias y pedir cita a mi médico de cabecera y los posteriores plazos de visita de un especialista se me antojaba lejano en el tiempo, quizás demasiado) empecé a pedir cita en clínicas privadas. Primero intenté en Castellón y pueblos limítrofes. Nada. Después pasé a Valencia capital y limítrofes. La fecha más cercana eran 15 días en el mejor de los casos. Me pasé dos días intentando acelerar el trámite, lunes y martes y finalmente, tras consultarlo con mi mujer y siguiendo su consejo, me fui a urgencias. Empecé por el hospital de La Plana, en Vila-real, el que me toca por población. Allí me informaron amablemente de que ese hospital no disponía de urgencias oftalmológicas y que me tenía que desplazar a Castellón. Hasta mediodía las urgencias estaban en un hospital, el Provincial y desde mediodía las urgencias oftalmológicas estaban en otro hospital de la capital, el Hospital General. Como eran las 11 de la mañana, me dirigí al Hospital Provincial. Entré por Urgencias y me atendieron rápidamente dos doctoras en prácticas, que curiosamente eran portuguesas. Muy amablemente me hicieron un volante de urgencias para que subiese a la primera planta, donde estaba la clínica oftalmológica. Y allí que me fui. Principio de la aventura.
Continuará....

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